El otro día me llegó por WhatsApp, una de las muchas peticiones de firma que suelo recibir por diferentes medios. Pero esta vez, aún teniendo la duda de la utilidad que este sistema puede tener, dediqué un tiempo para leerla y apoyarla. Lo hice por dos razones: la primera porque está bien planteada y estoy de acuerdo con ella y la segunda, porque hace más de 20 años viví una situación de discriminación en las instalaciones de PortAventura que me pareció totalmente increíble y desagradable.
El texto de la petición, dice:
Imagina planear un día emocionante en un parque temático con tus hijos, solo para descubrir que, debido a una norma absurda, no podrías disfrutar de esa experiencia familiar sin la presencia obligatoria de un «acompañante adulto». Esta es la realidad que enfrentamos mi marido y yo, ambos ciegos totalmente funcionales, frente a la política de PortAventura World que insiste en que las personas con discapacidad visual no puedan ingresar a su parque sin la supervisión de un adulto externo, a pesar de ser adultos plenamente capaces.
Presentar una política basada en prejuicios deja a muchas personas con discapacidad visual sintiéndose infantilizadas y marcadas como diferentes del resto de los visitantes. La regla de exigir un acompañante para quienes tienen una discapacidad visual no solo es una carga innecesaria, sino también un ejemplo claro de discriminación directa y falta de adaptación a las necesidades individuales. Todo ser humano tiene el derecho inherente a disfrutar de actividades de ocio de manera equitativa y sin restricciones injustas o degradantes.
Según la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, se estipula que todas las personas con discapacidad deben ser tratadas con igualdad y tener acceso sin discriminación. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud resalta que aislar o diferenciar a las personas con discapacidad mediante políticas no individualizadas perpetúa estigmas y obstaculiza la inclusión plena en la sociedad.
Es necesario que PortAventura World elimine esta norma discriminatoria y adopte un enfoque más inclusivo y considerado, que evalúe las capacidades individuales en vez de imponer restricciones generales. Esta reforma no solo mostrará su compromiso con la diversidad y la igualdad, sino que también allanará el camino hacia un entorno más integrador y representativo para todos los visitantes.
Firma esta petición para instar a PortAventura World a revisar y modificar su política actual para que todas las familias, independientemente de sus capacidades, puedan disfrutar juntas sin sentirse discriminadas o limitadas por normas obsoletas y prejuiciosas. Luchamos por un cambio justo y necesario. Únete a nuestra causa hoy y marca la diferencia para muchas personas y familias que buscan disfrutar plenamente de sus derechos y experiencias de ocio sin barreras artificiales. ¡Firma ahora para que se escuche nuestra voz y se tomen medidas inmediatas!
Zoe Laso Castro
Firma aquí
Hace unos 25 años, visité con mi hermana PortAventura. Casualmente, me encontré con unos amigos que habían ido también, varios de ellos eran ciegos. Fuimos a subirnos en el Dragon Khan, atracción estrella en aquel momento, no sé si lo seguirá siendo, y cual no fue nuestra sorpresa, cuando personal del parque nos indicaron que una persona ciega no podía subir sola. En esta atracción vas metido en una especie de cápsula, que da lo mismo quien vaya al lado, porque ni siquiera puedes hablar con él, con lo que el requisito carecía totalmente de justificación. Ante tan decepcionante experiencia, mi hermana, después de subir conmigo, se ofreció a hacerlo también con mis amigos. Después del tercer viaje empezó a sentirse fatal, de tal manera que tuvimos que acudir al servicio médico del parque. Cuando el médico se enteró de las circunstancias en las que había ocurrido el hecho, comentó que había sido una barbaridad y me animó a presentar una reclamación. Fuimos a la oficina de atención al cliente, y la señora con la que hablé, me convenció para que no la presentase. Es posible, que de haberlo hecho, no habría servido para nada, porque junto a la palabra seguridad se puede escribir y reglamentar todo tipo de despropósitos para justificar unas normas que atentan contra lo razonable, y lo que es peor, los derechos de las personas, y cuando estas personas tienen ciertas características, parece que cualquiera puede determinar lo que pueden o no pueden hacer, independientemente de lo que crean los propios interesados.
Así que con la petición de Zoe compruebo, no sólo que la cosa no ha mejorado, si no que lo han puesto mucho peor, ya que una persona ciega tiene que ir acompañada de un adulto, como si fuésemos menores de edad y necesitásemos ser tutelados, cuidados o vigilados.
